El hombre que aprende, es el hombre que sabe

 

El hombre que aprende, sabe escuchar en silencio y no teme hablar sensiblemente. El hombre que aprende no sigue el desborde de una emoción que lo derive a un mar de desesperación. No sigue un mal temperamento ni levanta juicios dañiños. No se fia de sus pensamientos sino de su corazón. El hombre que aprende atiende a consejos sabios de la fuente menos inesperada. Es estable y sólido en sus labores durante el día. Procura sostener buenas relaciones con los demás y una buena relación con su compañera en la que confía y se guía. Se deja enseñar por ella con la cual madura, se entrega y confiesa sus miedos. El hombre que aprende sabe pensar bien de sí mismo y de los demás. Sabe dirigir su vida co-creando buenas cosas y buenos momentos constantemente. El hombre que aprende se permite Ser y permite a toda circunstancia y persona ser libre. No deja podrir dentro de él sentimientos de rabia, rencor, celos, posesión, dolor y desencuentro porque sabe que son venenos que alimentarán solo sufrimiento. El hombre que aprende mira cada instante para abrirse a la vida y gozar de ella a cada instante. El hombre que aprende es consciente de su presente y lo reconoce vacío de pasado y de futuro. Se fascina por propia y buena predisposición. Se sonríe con la mirada, con su labios a los demás y resuelve todas sus situaciones con valor y ternura.
“EL HOMBRE QUE APRENDE ES EL HOMBRE QUE SABE”.
Escrito por: Esther Siverio

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